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  • E.M.A

ROSITA RENARD

Actualizado: 14 ago 2022


Rosita Renard

Pianista chilena

1984-1949


Rosita Renard es una población, un centro de salud familiar, un festival de jazz, un club deportivo, una escuela rural, un centro de ancianos y una pequeña calle. Todos ellos conservan su nombre, como un guiño a nuestra memoria, con la esperanza de que cada vez que pasemos por estos lugares nos preguntemos ¿quién fue Rosita Renard? Y ¿por qué sabemos tan poco de ella?


En 1908, a sus 14 años, Rosita deslumbró a la audiencia con su concierto en La menor de Grieg, una interpretación magistral que cerraba el acto de su graduación en el Conservatorio Nacional de Música de Santiago. En las tribunas laterales del teatro, se encontraba Sara del Campo, esposa del Presidente de la República en ese entonces, Manuel Montt. Encantada, fue testigo del talento sobresaliente de esta introvertida niña. Al finalizar el concierto otorgaron a Rosita su diploma de graduación y años más tarde, una beca para continuar sus estudios en Alemania, a la que viajó junto a su madre Carmen Artiaga y Blanca Renard, su hermana.


La relación con su madre era tensa. Carmen era muy exigente y criaba para que sus hijas dependieran de ella y no para que fueran libres y autónomas. Del padre, José Renard, poco se sabe. Sus cercanos cuentan que desde que este catalán francés anarquista y desobediente dejó a su familia, Rosita nunca más habló de él y solo se reencontraron el 26 de mayo de 1949 en el lecho de muerte de la pianista.


En el conservatorio Stern de Berlín la esperaba el maestro Martin Krause, destacado pianista que fue discípulo de Fran Liszt, quien a su vez fue heredero de Carl Czerny, aprendiz del gran Ludwig van Beethoven. Rosita irrumpe en esta sucesión de compositores e intérpretes y se ubica junto a sus congéneres Ana Magdalena Bach, Marianne Von Martinez, Clara Wieck-Shumann y Teresa Carreño: mujeres que rompieron esta línea patriarcal de la música clásica y se abrieron camino con llaves de sol en las manos y semifusas en los bolsillos.


La Primera Guerra Mundial hizo retornar a Rosita a su tierra natal. Su paso por Chile estuvo marcado por grandes conciertos y una generosa prensa que informaba sobre sus logros, proyecciones y la instalaba como la Gran Pianista Chilena.


En 1916, Estados Unidos recibió a Rosita, con un debut inolvidable en The Aeolian Hall en Nueva York. La llenaron de elogios y ofertas que la salvaron de penurias económicas y pudo proyectar su carrera como concertista internacional, lo que siempre había soñado. Sin embargo, todo se esfumó entre sus manos por causa de su madre Carmen y su papel de representante legal: negó la renovación de nuevos contratos, cancelando giras y nuevos conciertos.


La madre de Rosita quería que Blanca siguiera los mismos pasos de su hermana, pero con el costo de sacrificar su éxito en los Estados Unidos. Las tres deben volver a Berlín. Esto la llevó a una gran depresión y Rosita se desconectó de sus conocidos. En 1925, se instalaron en un edificio de varios departamentos en una ciudad que trataba de rehacerse después de una guerra devastadora.


Mientras practicaba en el piano “Las danzas de Lecuona”, en un estado de encierro y frustración, metros más abajo vocalizaba Otto Stern Alt, un joven estudiante de canto. Otto, judío checoslovaco, la contrató para que lo acompañara en sus lecciones de estudio. A pesar de lo mal que cantaba Otto, Rosita se enamoró de él. Un año más tarde se convertirá en su esposo.


“El Chocho” como lo nombró Rosita con cariño, fue testigo de su huida. Rosita junto a Blanca planearon su fuga. El plan fue perfecto: mientras Blanca salió a dar un paseo con Doña Carmen, Rosita armó rápidamente su maleta, tomó un tren hasta Hamburgo y ahí se embarcó a Nueva York. Mar adentro, se dio cuenta de lo importante que fue su madre en su vida. Luego de un largo respiro en la proa del barco, se sintió liberada. Al llegar a Estados Unidos se ganó la vida como maestra y concertista y fue de iglesia en iglesia dando clases y conciertos. Cada fin de semana se presentaba en el escenario de la Universidad de Georgia. En uno de esos conciertos conoció a Julius Rauzin, su hijo adoptivo.


El 24 de mayo de 1949, una repentina muerte acaba con la carrera de Rosita Renard. “La enfermedad del sueño” se produce por la picadura de la mosca tsé tsé, seguramente contagiada en uno de sus tantos viajes en barco. Esta enfermedad hace que los protozoos se desplacen al sistema linfático y al torrente sanguíneo, donde se multiplican y viajan a los órganos, para finalmente llegar al cerebro. Es una afección marcada por períodos prolongados de somnolencia e insomnio, acompañados de ansiedades y tránsitos inesperados de alegría y llanto. Así fue como Rosita Renard murió.


Ilustración: Rosita Renard

Biografía: Angie Giaverini

Fuente: Memoria Chilena, Biografía de Chile

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